Descripción:
En el Ecuador en varios pueblos de la Costa, el amor a sus terruños se manifiesta a gritos; en Otavalo no, es más raizal y profundo, allí no se grita, más bien ese afecto se introspecta en el fondo del alma. Por las calles mestizas de Otavalo - alero y barro- camina despacio Edwin Narváez, saluda con muchos y reparte sonrisas, no solo es amigo sino un viejo y entrañable maestro. Su figura parece consustancial con la piedra, con el rumor del agua, con las flores, con el hálito de la lOA o de la Universidad de Otavalo y con ese agrio de la chicha del yamor. Por todo eso, no extraña que Edwin haya metido su cuerpo entero en aquello del yamor, esto está en su inconsciente genético, pero traerlo desde las grammas entretejidas de la memoria, darles cuerpo a quinientos años de historia con una investigación rigurosa, no es nada fácil.