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Algunas personas hablan mucho de las amarguras de la experiencia y de los desengaños de la vida; pero quien no se empeña en engañarse voluntariamente acerca de ella, no puede sufrir decepciones. Lo principal es no apetecer cosas vanas: hermosas por fuera, pero llenas de cenizas, como las manzanas del Mar Muerto.
El más humilde de los hombres salvo en circunstancias excepcionales puede ser muy dichoso con una sola condición: cumplir los deberes que le tocan y mirar la vida con serenidad reflexiva, para no confundir los verdaderos tesoros que encierra con las nubes de vapor dorado que cruzan por su atmósfera y pasan y se disipan con tanta rapidez.