Descripción:
Al señor don Ernesto de Oboza y Conmaño:
¡Límpido en el lindero de la más limpia hazaña
que en la Época de Oro fuera grande de España,
y que en la inquietud loca de estos tiempos, huraño,
tornóse, y en el campo cultiva su agrio spleen!
Hermano-poeta, esta vida de Quito,
estúpida y molesta, está hoy insoportable
con su militarismo idiota y execrable.
Figúrate que apenas da uno un paso, un “¡Alto!”
le sorprende y le llena de un torpe sobresalto
que viene a destruir un vuelo de Pegaso
que, como sabes, anda mal y de mal paso
cuando yo lo cabalgo, y que si alguna vez,
por influjo de alguna dama de blanca tez,
abre las alas líricas, le interrumpe el rumor
“municipal y espeso” de tanto guerreador.
Los militares son una sucia canalla
que vive sin honor y sin honor batalla.
Luego, después, las netas de los acreedores
que andan por esas calles como estranguladores,
envenenando nuestras vidas con malolientes
intrigas, jueces, leyes y miles de expedientes,
y haciendo el cotidiano horror más horroroso.
¿Qué fuera de nosotros sin la sed de lo hermoso,
y lo bello y lo grande y lo noble? ¡Qué fuera
si no nos refugiáramos, al menos, en una barrera
inaccesible, en nuestras orgullosas cítadelas,
hostiles a la sorda labor de las cuchillas!
Tú dijiste en momento de genial pesimismo:
“¡Vivir del pasado... oh sublime heroísmo!”.