Descripción:
En prueba de modestia da usted al querer, para prólogo en la edición de su drama Justicia, el menos autorizado de los pareceres.
Centenares de espectadores aplaudieron la realización en el escenario. ¿Qué más premio ni más elocuente aprobación quiere usted, si no se trata aquí de presentar a un recién iniciado en las Bellas Letras?
Que me releve del inmerecido y honroso encargo suplico a su benevolencia, tanto porque de mi mano ya no podría salir nada más espontáneo ni expresivo que las ingenuas palmadas que me provocó su producción, como porque le confío mi comedimiento no se deja arrastrar por los trillados senderos de la insensatez, que suele disfrazarse de amor patrio y caracterizar de delito el no aplaudir cualquier cosa que, cínicamente, desafíe al buen gusto y busque el azar de fácil fama, sólo porque es “nacional”.
Asimismo, opino que el prólogo es un adorno que ya debe suprimirse: si la obra viene impresa, aquí está; ha de leerse o no leerse. Ni el prólogo ha de decidir voluntades reacias, ni ha de predisponer o reformar la opinión de cada cual. A lo más, ganará el autor un compañero de su suerte, si es que no resulta el prologuista absuelto por la gran atenuante de galantería, o condenado como reo en la premeditación y alevosía.