Por favor, use este identificador para citar o enlazar este ítem: http://hdl.handle.net/10469/13454
Tipo de Material: Artículo
Título : Errores comunes en el lenguaje periodístico. Objetividad y percepción
Autor : Rodríguez, Juan Manuel
Fecha de Publicación : jun-2005
Ciudad: Editorial : Quito, Ecuador : CIESPAL
ISSN : 1390-1079 Impreso
1390-924X Electrónico
Cita Sugerida : Rodríguez, Juan Manuel. 2005. Errores comunes en el lenguaje periodístico. Objetividad y percepción. Chasqui 90: 80-81
Descriptores / Subjects : SENSORIAL -
PERCEPCIÓN
UMBRALES
EMISOR–RECEPTOR
OPINIÓN-CONTROVERSIA
CREDIBILIDAD
Paginación: p. 80-81
Resumen / Abstract : En un programa de televisión española, la periodista cuyo nombre prefiero omitir declaraba con 'desparpajo cerril: "yo digo lo que veo", e insistía en ello y lo remarcaba como argumento de su información sin controversia ni asomo de titubeo. Su convicción era tal, que además de querer convencemos intentaba persuadirnos, o sea, que por todo medio deseaba nuestro apego racional a sus impresiones y además la adhesión emotiva a esa versión. Con su altanería tal vez deseaba manifestar que ella era fuente confiable por ceñirse a los datos sensibles, que como testigo de ellos poseía credibilidad y que su juicio estaba acreditado por la percepción sensorial; por todo esto, debía suponer que entregaba una información veraz o verídica. Las dudas de su afirmación sobrevienen en seguida. Con frecuencia, los datos sensibles son ilusión y, cuando no, están moldeados, esquematizados, resumidos, adaptados por la conciencia del sujeto perceptor. Ninguna percepción es absoluta, pues está conformada, limitada y constituida por ciertos umbrales de los sentidos; además, cada persona responde a procesos sicológicos que deforman y conforman la percepción. Algunos de ellos son los prejuicios, la intensidad y selectividad de los estímulos, la sumisión cultural y familiaridad con sucesos reiterados. Por otro lado, la credibilidad que obtiene el informador no es un don genético, sino una cualidad que entrega el público a la fuente. La credibilidad es cedida; el alumno la otorga al profesor, el soldado al sargento, y el televidente al informador, o sea que nadie la posee per se. Tal vez, la periodista deseaba decirnos que su juicio era sincero, o sea, que existía una adecuación entre lo percibido y expresado. Pero un redactor puede ser sincero, (veraz) y desinformar, tal es el caso del que se equivoca sin intención de adulterar los hechos.
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URI : http://hdl.handle.net/10469/13454
Aparece en las colecciones: Chasqui No. 090

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